¿SOMOS UNA FÁBRICA DE POBRES?
En nuestro país más del 50% de los adultos no terminó la preparatoria, y únicamente el 17% tiene una carrera universitaria. Millones de personas trabajan para mantener familias y la economía del país, pero el sistema educativo los dejó atrás.
Pero México también es un país que aceptó la informalidad. Al cierre de 2025 más de 34 millones de personas trabajaron en la informalidad, representando aproximadamente el 55.4% de la población ocupada. Esta cifra indica un repunte en el empleo sin seguridad social ni prestaciones de ley, con tasas más elevadas para mujeres (55.9%) que hombres (55%).
El empleo formal y bien remunerado sigue siendo una utopía en el país, además de la formación que se debe alcanzar para lograrlo. Según datos del Instituto Mexicano de la Competitividad IMCO, el 46% de quienes estudian la universidad, están concentrados en 10 carreras: derecho, administración, contaduría, psicología… y según especialistas, a México le falta una gran cantidad de ingenieros, pero también de especialistas en salud y especialistas de datos.
En el caso de los ingenieros, el origen de esta falta es claro, y es que a los educandos les dan miedo las matemáticas.
Es importante saber que, aunque no es definitivo, quizás una carrera pudiera ser el trampolín para el desarrollo profesional exitoso, por lo que el primer filtro que debería tener un alumno que egresa de la preparatoria es el de preguntarse si la carrera que se desea estudiar fortalece o hace parte de una mega tendencia (fuerzas de cambio estructurales, globales y a largo plazo, que transforman la sociedad, la economía, y la tecnología, alterando el comportamiento de consumidores y empresas).
Siempre se ha creído que, a mayor preparación, mayor opción de inserción laboral y mejores salarios, y aunque esto ha cambiado, la realidad es que una persona con un mayor grado universitario se puede integrar de mejor manera a una estructura de mejor percepción económica.
Un dato interesante es que solo el 0.1% de las personas en México de 25 a 64 años cuentan con doctorado. Esta cifra pone a México muy por debajo de los datos de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) que es del 1%. Se estima que solo 1 de cada 100 personas que acceden a la educación superior, termina un doctorado.
Este no es un dato menor si partimos de la premisa de que la investigación y, por ende, el conocimiento se gesta en los posgrados y más aún en los doctorados, por lo que nuestra falta de innovación, de patentes y en general de construcción de nuevo conocimiento, es una limitante que parte de que estamos tan necesitados por sobrevivir, que dedicamos poco tiempo a crear, a innovar y a desarrollar empresa. Este es una tremenda limitante para una mejor percepción y desarrollo de las personas. Hoy, en nuestro país, el salario promedio de las personas registradas en el IMSS es de poco más de 13 mil pesos al mes, un dato que puede relacionarse con el porcentaje de pobreza laboral en México que se situó en 34.3%. Este indicador mide a la población con ingresos insuficientes para la canasta alimentaria, y que para el cierre de 2025 mostró una reducción anual de 0.8 puntos porcentuales.
Como vemos, México no está pudiendo asegurar laboralmente a su gente, y aunque la tasa de desempleo es relativamente baja (2.4% - 2.9% al cierre de 2025), la realidad es que la gente no gana lo suficiente para cubrir con sus necesidades y tener una mejor calidad de vida. Sin embargo tampoco estamos logrando que la educación apoye en este proceso, pues la mayoría de las universidades tradicionales enfocadas en una formación memorística y sin conexión con la empresa, se han convertido en una fábrica de egresados sin trabajo.
principal@globaluniversity.edu.mx
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